La Comunidad.

Tengo que decirlo, ya estoy harto.

Harto de dar mi opinión o mi visión dentro de una comunidad (que se define como un espacio libre y fraternal) y que determinados círculos o personas se lo tomen como ataques  o incluso peor, que por medio de la retórica y la dialéctica traten de envenenar y torcer tus palabras para que encima parezca que tu opinión es un ataque contra el trabajo de los demás ¿Pero dónde vivimos? ¿En una dictadura dentro del mundo del paganismo y no me he dado cuenta aún?

Con los años que llevo en el paganismo, que no son muchos, me he dado cuenta de que vivimos en un idílico panorama de amor, fraternidad, libertad, aceptación y respeto. Cuando en realidad, detrás de las palabras como “Bendiciones” o personas que se consideran wiccanas perfectas y ejemplos a seguir, hay actos viles, palabras envenenadas, juegos de poder, juegos de alianzas, ponzoñas por todos los sitios sobre el trabajo y la progresión de los demás etc. Pero claro, todo esto a escondidas. De cara al facebook y a determinados círculos (estas personas no son tontas) se muestran conciliadoras, pacíficas, diplomáticas. Pero cuando apagan su ordenador son lo peor que te has podido echar al cuerpo. O peor aún, que públicamente intenten confundir a las personas cambiando o dando la vuelta palabras y situaciones, porque claro, de cara a “x personas” tienen que quedar bien.

Vamos, que de cara a la galería impolutos, santos, venidos del cielo, diplomáticos, dialogantes, figuras ejemplares a seguir (tranquilo que ya se encargan ellos de recordarte todos sus títulos) personas que trabajan duro (porque es verdad, todo hay que reconocerlo, una cosa no quita la otra) pero luego son mas malos que un dolor de muelas. Y lo peor, que no actúan de frente, actúan por detrás, sutilmente, dejando calar su veneno, hablando mal de otras comunidades, de otras personas, de otros covens, de otros grupos, de sus trabajos, de sus progresos. No podrán centrarse en su trabajo (ya que el resto del mundo les cae mal) no, ellos también tienen que hacer verdaderas campañas de difamación. Campañas urdidas en la sombra, que se creen que nadie se da cuenta de esto, pero señores, todo cae, los velos caen y el agua llega al mar, antes o después. Y la fuente o se puede rastrear directamente o sale sola sin buscarla.

Escribo esto porque llevo dos semanas viendo como diversas personas del mundo del paganismo, sean de mi tradición o no, han estado hablando de esta cuestión tan problemática en nuestra comunidad. Y ya digo, no exclusivo de una tradición o de otra, de un grupo u otro. Es como dijo una chica: endémico en grupos humanos. Algo que al parecer no podemos transcender y sigue y seguirá inserto en el contexto en el que nos movemos. A veces pienso qué tipo de soluciones podría haber frente a estos temas, pero la falsa cordialidad y la diplomacia se desmoronan cuando se sigue actuando por lo “bajini” intentando desacreditar a tu vecino de todas las formas posibles.

En fin, supongo que esto siempre ha pasado, pasa y seguirá pasando, porque eso, somos humanos. Y detrás de los títulos de Sumo Sacerdote o Sacerdotisa se encuentras personas con vidas normales, que no han sido tocados por ninguna gracia divina que les ilumine. Que sienten, que aman, que sufren, que padecen envidia, odio y que actúan como humanos. Porque señores, alcanzar el Sumo Sacerdocio no nos convierte en el Dalai Lama. No es que cuando recibamos la noticia por el correo el pelo nos crezca, se ponga blanco, adquiramos un poder divino y nuestros males humanos desaparezcan. Los problemas del ego, las envidas y las redencillas siguen, en mayor o menor medida. Es nuestra responsabilidad, como Sumos Sacerdotes o como personas en el entrenamiento del Sacerdocio, reconocer esas debilidades humanas, aceptarlas, integrarlas y trabajar en ellas para que dejen de apoderarse de nosotros. Para que así, podamos actuar siempre desde nuestro yo superior. No que delante de un grupo de facebook, de tu perfil o de una tradición te vendas como una persona ideal, cuando por dentro tienes odio, rencor y maldad contra los que llamas públicamente hermanos.

Yo soy el primero que trabaja en esto, porque no me considero un iluminado o un sacerdote perfecto alejado de las pasiones humanas, de los celos, de los egos, de las envidias. Pero oye, cuando me visitan los acepto y los invito a marcharse porque no hacen más que hacer pesado mi camino y mi sendero. Así que invito a todo el mundo que haga lo mismo, que se deje de medias tintas y que ya que no puede tener una relación cordial con alguien que por lo menos se olvide de él y le deje vivir tranquilo. No que cada cierto tiempo tenga que venir a los oídos de la otra persona: dicen esto de ti, dicen esto de tu grupo, dicen esto de tu comunidad, etc etc. Y que además, se sepa directamente la fuente de procedencia. Trascender, olvidar y haceros un favor.

He dicho.

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